Mi ático lunar abandonado: No la dejes morir

domingo, 27 de enero de 2013

No la dejes morir

'Ya se ha ido' pensé. El viaje entre gestos de cariño, abrazos forzados y palabras vacías que se pronuncian con toda la buena intención tras un suceso como aquel no hubieran mitigado el profundo dolor de mi ser, sin embargo, su completa ausencia era como una losa que apretaba mi pecho. Nadie decía nada, nadie había realmente, nadie en el cementerio, nadie lo notaba. Y pese a todo, yo lloraba.

Aunque tardaron en llegar, llegaron. Conforme el tiempo pasaba, fueran horas, quizás días, algún que otro venía, presentaba sus respetos, dejaba su pluma sobre la tumba y, dejándome llorar sin pausa, se marchaba.
Otros dejaban sus libros, nuevos, sin estrenar, que fueron apilándose uno sobre otro, alrededor del lugar donde mi amada descansaba.

Cuando ya no quedaba en mí una lágrima que darle, el sonido de una risa me despertó.
Perdido entre miles de libros, ente laberintos de historias olvidadas, luché por encontrar aquella risa. Y mi obstinada voluntad encontró a un niño fuera de aquellos muros de letras, jugando.
Tenía un palo en la mano y lo usaba como espada, una percha en la otra, y un parche de pirata en el ojo derecho. Y reía mientras jugaba...

Entonces comprendí que equivocado estaba yo. Yo y todos los demás que habían presentado sus respetos. Pues la creatividad, aunque parezca tal no muere, nunca muere. No mientras nosotros no queramos.

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