Mi ático lunar abandonado: Al son de aquella música

martes, 28 de mayo de 2013

Al son de aquella música

(Antes de empezar, dale al play al archivo de audio de abajo)

Hacía tiempo que me había acomodado en aquel lugar tan tranquilo y cómodo, en que daba igual tener los ojos cerrados o abiertos pues nada había para mirar, allí donde todo era oscuro. No sabría precisar cuanto tiempo llevaba allí, quizá horas, puede que años, toda mi vida hasta entonces tal vez...

Es un lugar engañoso y maldito del que hablo. Un sitio al que realmente no quiero volver jamás; de hecho, lo único que tiene de bueno esta oscura estancia, es que sólo hace falta un poco de luz para volverla mágica. Y de esto me di cuenta con las primeras notas de aquella preciosa melodía.

Comenzó de pronto, sin aviso alguno. Los sonidos venían de todas partes, resonaban en mi cabeza, haciendo temblar los pilares de mi mundo. Los instrumentos de aquella orquesta invisible quedaban olvidados, sepultados bajo la grandeza de la música que creaban. De pronto, unas finas hebras plateadas y brillantes surcaron el aire, apareciendo a pocos metros de donde yo me hallaba. Volaban, se entrelazaban, giraban, se separaban. Estaban bailando. Y con su baile, iluminaban el lugar. Yo no podía parar de mirarlas. Aparecieron más, a mis pies, subiendo por mi cuerpo, rozando mi piel, desordenándome el cabello. Recuerdo que me dio un escalofrío.

Al principio sentí miedo, estaba acostumbrado a la nada. Era cómoda y segura. Sin embargo, según avanzaba la melodía y las misteriosas hebras tomaban formas en sus danzas, me sentí más seguro que nunca. Y probablemente no lo estaba.

Entonces se agruparon, tomando aquella forma, su forma, la de aquella chica. Era ella sin duda, de color plata, hecha de mis sueños, comenzó a bailar también al son de la música. Su cuerpo era armonía, su risa al ver mi cara me hechizó completamente. Aparecieron otras hebras que fueron hacia ella, surgiendo de mi pecho, rojas carmesí. Al verlas ella rió, y su risa volvió a hechizarme.

Sin saber muy bien como, estaba bailando con ella, al son de aquella música, que daba color a mi vida. Era ella, esa chica, la luz de mi vida, no la soltaría nunca, lo tenía claro. Cuando vimos que la melodía llegaba a su fin, sólo tuvimos que seguir soñando, para poder así por siempre, seguir bailando juntos.


2 comentarios :

  1. ¡Muy bueno! Muy original, bonito... ¡buen punto el de la música! Cada vez te vas superando... ¡ENHORABUENA!

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  2. ¡Muchas gracias! Lo cierto es que la música en esta ocasión es esencial, pues es ella la que realmente escribe esta historia.Me alegro de verte por aquí, delirante sonámbulo. Un abrazo

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