Mi ático lunar abandonado: Aguanta

viernes, 28 de febrero de 2014

Aguanta


Menudo idiota.-dijo mirando el cadáver destrozado sobre el asfalto. 

No pienso llorar por ti-se dijo. No. Él se lo había advertido lo suficiente. 
Pero, para bien o para mal, somos libres. El corazón del hombre se ve zarandeado por vientos muy peligrosos. No da tiempo a pensar bien, siempre andamos improvisando. No estamos preparados, nadie nos enseña a vivir, nadie sabe muy bien cómo se hace. Cuesta girar el timón en contra del incompasivo oleaje y un barco no se gobierna solo.

De vez en cuando la tormenta parece que va a acabar con nosotros. Pero en realidad todo es un engaño. El mundo va de farol, pero sabe jugar muy bien. No se pierde la partida hasta que se muestran las manos. Solo nosotros podemos apostar a nuestro favor, y hemos de jugar bien nuestras cartas para ganar la partida. El problema es rendirse. Y él se había rendido saltando desde aquella azotea. Idiota.

-Cobarde.- dijo en el entierro. Y tiró sobre el ataúd donde se descomponía el cuerpo que tantas veces hubo abrazado un sobre con las fotos de todos los momentos que se había perdido. Las fotos de su feliz futuro, en el que toda la desesperación por la que atravesaba hubiere sido vencida. Y mientras arrojaba las pruebas de aquel regalo rechazado gritó de dolor: ¡¿Por qué no esperaste papá?! Estabas a punto de conocer a mamá. 

Y desapareció. Sin haber llegado nunca a existir.


No hay comentarios :

Publicar un comentario