Mi ático lunar abandonado: abril 2014

martes, 8 de abril de 2014

Anhelos

Vuela, libre, por encima del mundo y sus ataduras. Flota como ser etéreo. Se desliza por la superficie de un mundo al que no pertenece. Es feliz. Camina por las aguas del más bello de los lagos. Se sienta en su isla, lejos de las dudas. El mundo es suyo, y a la vez de nadie. Siente la arena en sus pies. La mueve con los dedos. Coge un puñado y abre la palma, observando como cae.
Sube al Cielo y abraza a sus abuelos. Baja al Infierno para comprobar si es tan horrible como lo pintan. Sonríe y se marcha.
De nuevo pasea por las estrellas, es su mundo y a la vez no es suyo. Fascinado descubre belleza en su travesía. Belleza y peligros. Peligrosa belleza. Vive aventuras que jamás soñó. Conoce gente sobre la que jamás ha escrito nadie. Da una vuelta por el Universo, por los confines del mundo. Descubre cientos de estrellas, pero apenas formula deseos. Acaricia la textura del vacío y la encuentra familiar. 
Entonces vuelve a casa, pero no la encuentra. No tiene hogar al que volver. No en este mundo. Conoce el centro del Cosmos, y ha visitado los límites de la Creación. Pero no es de este mundo, no tiene lugar al que volver. ¿Feliz?¿Etéreo? Sin patria ni bandera. Viaja buscando un lugar en que poder soñar sin miedos. Fundir la realidad con sus sueños y llorar de Paz. El abrazo paterno, el beso de su madre. Está cansado de maravillarse. Sólo quiere olvidar. Ser un niño de nuevo. Viajar a Nunca Jamás.

                                     

sábado, 5 de abril de 2014

Lágrimas de tinta


<<Siempre quiso ser escritor, pero nadie le enseñó a escribir>>

No tenía muy claro por qué lloraba, pero lloraba. Lloraba como no había llorado en todo  aquel año, la frustración fluía desde sus ojos irritados, siguiendo la curva de sus mejillas, deteniéndose en sus labios, allí donde esperaba su grito. El grito de su ser entero, desgarrador, inaudible, pero real, alivio momentáneo de sus penas. Grito de un alma aventurera que bien pudiera ser la protagonista de alguno de sus intentos de novela.

Así era, todo habían sido preliminares, nada estaba contado. Sólo un montón de ideas entrelazadas, olvidadas en un cajón de la mente del perezoso escritor frustrado. Era algo así como una paradoja: él condenaba a los personajes de sus inacabados libros a la existencia sin argumentos, a las páginas en blanco, a la incertidumbre destructora; pero si lo hacía era sólo porque él mismo carecía de historia, de drama, de ilusión y de aventura. 

El alma enferma engendra almas enfermas buscando curar su mal, sin saber que al escribir sus nombres en su mente, ya los condena a una existencia de la que siempre será responsable, y  que en sus manos está el hacer de ésta una aventura digna de ser vivida por aquellos a los que decidió dar vida: sus personajes.

[continuará...]