Mi ático lunar abandonado: octubre 2014

viernes, 24 de octubre de 2014

¡Un verdadero valiente, padre!

[...] Y te decía padre, que he tenido una gran suerte. Pues este joven del que te hablo, el singular valiente, es amigo mío. 
No es amigo como aquellos que me definiste un día, en una de nuestras charlas en el monte Abantos, cuando me dijiste que Amigo es una palabra que se escribe a tinta y con mayúsculas, una palabra que no debe usarse a la ligera. No, en verdad no quiero soñar con pretender tal honor. Pero sí me atrevería a decir que profesamos el uno por el otro un aprecio y respeto mutuo. Y eso padre, teniendo en cuenta las hazañas de este joven, me hace ver que, en verdad, soy afortunado.

Como te decía, se trata de un valiente. ¡Un verdadero valiente, padre! ¡En estos tiempos resulta tan fascinante dar con uno! Defiende sus ideas con tal pasión, con un brillo en la mirada, que  a mi me gusta pensar refleja el fuego interno donde nacen sus fuertes ideales. Y cómo debe arder ese fuego padre, pues su mirada es sincera y coherente. Allá donde va, sin amedrentarse, se presenta tal y como es. 
Defendiendo sus argumentos sin que le tiemble la voz ante multitudes enfurecidas, o bien dialogando calmadamente en ambientes donde se respira un mayor respeto, deja clara la fuerza de sus convicciones, nunca se acobarda. Pero padre, y esto es lo que más me impresiona, los defiende cada día, en el silencioso ejemplo, en su actuar cotidiano. Es decir padre, que este joven en verdad vive como piensa, y, y esto es sin duda lo mejor ¡siente lo que vive! [...]