Mi ático lunar abandonado: Temblores

viernes, 27 de febrero de 2015

Temblores

El sitio era caro, pero acogedor; tenía toques de pub irlandés, como esos que salen en las series de televisión que nos ayudan a pasar los tiempos muertos con alguna risa enlatada. Pero eso no era suficiente para hacernos olvidar que seguíamos en una calle perdida de Madrid en un bar desconocido y bastante caro; y es que Madrid nunca sale en esa clase de series.

Por aquel entonces yo no bebía, así que gasté más de tres euros en un refresco azucarado, sin gas por supuesto, que no sació mi sed; claro que, por otra parte, tampoco esperaba que lo hiciese. A veces los refrescos sólo están para darnos algo que hacer cuando la conversación decae, como si con ese sorbo diésemos una explicación al hecho de que nadie hable, tranquilizando al pequeño neurótico que todos llevamos dentro. Nuestra generación nunca ha aprendido a convivir con el silencio.

Miradas que no dicen nada, abrazos que se desvanecen. Un amigo lo pasa mal y no sabes cómo ayudarle.  No buscamos en los ojos del otro porque tenemos miedo a vernos a nosotros mismos; decimos que no tenemos máscaras, pero lo que no tenemos es rostro. No somos más que fantasmas histéricos que tiemblan cuando se apaga la risa.

La magia estuvo bien: varios efectos que no conocía y que me dejaron con la boca abierta, algunos chistes graciosos, otros menos afortunados, momentos dulces, momentos insípidos... Yo estaba allí con mis amigos, siempre cerca, siempre lejos; me cayó muy bien el segundo artista, me dio la sensación de que teníamos mucho en común.

Fuera hacía frío y volver a casa me resultó agotador. Tardé en dormirme, tardé en despertar. 

Estamos perdidos y cada vez más solos. Esta mañana no encontraba el móvil en casa y, en el bus, no he tenido más remedio que mirar a mi alrededor. He visto muchos de esos que se llaman adultos, sus vidas están llenas de risas enlatadas, y normalmente tienen un guión pésimo. Luego he encontrado el móvil, resulta que estaba en otro bolsillo; lo he encendido y he dejado de temblar.

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