Mi ático lunar abandonado

domingo, 6 de octubre de 2013

Atentos a la realidad

Es una estación de tren. Hay mucha gente: algunos van en parejas o en grupos más grandes, más o menos contentos; otros van solos, con la única compañía de una lista de reproducción. Cada uno protagonista de su historia, más o menos decidido en su camino, más o menos atento a su vida... El sol entra por la cristalera del techo iluminando una fuente decorativa en que las tortugas viven una ilusión de libertad. Los trenes vienen y van, y así también la gente.

Todo se mueve, cientos de historias viajando en cientos de direcciones distintas, esperando con sonrisas, despidiendo con lágrimas en los ojos, jóvenes que empiezan un camino, hombres que regresan a casa. Cada uno pendiente de su vida, sin reparar casi en la gran estación, en el bullicio, y en lo que ella acontece.

Y sin embargo al verte, todos se detienen. Y yo te miro desde la escalera, veo tus ojos y tu sonrisa me muestra la felicidad. Cuando nuestros ojos se encuentran empezamos a correr. Bajo los escalones de dos en dos, me abro paso entre la gente que se ha quedado quieta. Todos pendientes de nuestro encuentro. Las conversaciones han parado, la música es nuestra risa, reflejo de nuestra alegría. Un lugar abarrotado de gente contemplando una escena digna de verse. Todos quietos, en silencio, expectantes, compartiendo nuestro momento.

Al llegar a tu lado te abrazo con fuerza, con felicidad y con amor. Y damos vueltas, perdidos en ese abrazo, o más bien encontrados al fin, con el alma radiante y los ojos llorosos. Entonces, tras el largo abrazo vuelves a mirarme y ya no veo nada más que tus ojos, y nada más quiero ver. Te miro y me miras, no sé muy bien durante cuánto tiempo, tal vez lo que dura un sueño.

Un sueño del que no despierto ni siquiera con los aplausos y vítores con que nos brindan todos los allí presentes: ejecutivos,  ancianos, estudiantes, familias, niños, trabajadores...Todos felices, compartiendo nuestra felicidad, atentos a la realidad. No, nada me despierta de este sueño que es real, el sueño de mi vida, el ansiado despertar.

martes, 17 de septiembre de 2013

Nunca más

La protagonista de esta historia tiene mucho que contarnos, ¿estaremos dispuestos a atenderla?

No puede ser, maldita sea-pensó asustada.-¿Por qué?-No podía entenderlo, qué vergüenza, ahora que salía de casa por vez primera comprendía porque había estado tanto tiempo encerrada en aquel desván. Todas las miradas se fijaban en ella, la señalaban, se reían. Estaba a punto de ponerse a llorar.Nerviosa echó a correr, apartando lo que a su paso encontraba. En su camino veía las caras de burla en cada esquina, sonrisas maliciosas que comentaban entre ellas, escuchó carcajadas. Al pasar por un parque infantil, los que allí estaban le empezaron a tirar arena a la cara. No sabía qué hacer. Las lágrimas eran su únicas acompañantes en esa carrera, en su huída del mundo. Siguió corriendo, tapándose el rostro con las manos, corrió hasta que no pudo más y se refugió en un oscuro callejón donde recuperó fuerzas y siguió llorando hasta que no quedaron en ella más lágrimas.
No sabía cuanto tiempo habría pasado, ni cuán lejos de su casa estaba. Tenía miedo, y no comprendía nada. La noche cubrió el cielo con sus miles de estrellas pero a ella le dio igual, no podía levantar la mirada del miedo que tenía.
-¿Te has perdido?-Alguien le preguntó.
-Déjeme-dijo con una voz temblorosa.
-Yo puedo ayudarte.
-¿Cómo? Todos me han abandonado, he sido repudiada.
-Con un regalo. Ten-le dio una cajita de pequeño tamaño-Buena suerte.
El misterioso hombre desapareció entre las sombras. Ella no perdió tiempo y abrió la caja. Al hacerlo cayó una nota de su interior:

"Eres demasiado grande para mí. Lo dejo en tus manos."
Pd: por atrás borra.

¿Por atrás borra?-Se preguntó. La respuesta estaba en la caja. Sacó el pequeño objeto de su interior y lo alzó feliz. Un lápiz. Un lápiz con goma de borrar. ¡Por fin podría acabar su historia! Era la dueña de su destino, ¿una novela inacabada? Nunca más.

sábado, 31 de agosto de 2013

¡Sorpresa!

-¡FELICIDADES!-gritamos todos a la vez. Él se rió y se puso a dar las gracias y a saludarnos a todos.
Alguien conectó la música, unos se pusieron a bailar y otros a charlar. El homenajeado paseaba por la terraza decorada para él con una sonrisa en el rostro, impresionado. La gente reía y el ambiente era perfecto. Atrás quedaba la preparación y los agobios, había merecido la pena, porque todo salió bien.
Fue genial, irrepetible, todos disfrutamos muchísimo, tanto, que sin apenas darnos cuenta la noche llegó a su fin y la fiesta terminó. Me fui a dormir contento e ilusionado, con una sonrisa en el rostro.

Al día siguiente me desperté cansado, pero tenía mucho que hacer, hablé con mis amigos y lo preparamos todo.

Unas cuantas horas más tarde gritamos todos a la vez: ¡FELICIDADES!. Él se rió y se puso a dar las gracias y a saludarnos a todos.El homenajeado paseaba por la terraza decorada para él con una sonrisa en el rostro, impresionado. La gente reía y el ambiente era perfecto. Atrás quedaba la preparación y los agobios, había merecido la pena, porque todo salió bien.
Fue genial, irrepetible, todos disfrutamos muchísimo, tanto, que sin apenas darnos cuenta la noche llegó a su fin y la fiesta terminó. Me fui a dormir contento e ilusionado, con una sonrisa en el rostro. <<Feliz cumpledías amigo mío>> pensé antes de sucumbir al sueño.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Volando

-¿Has volado alguna vez?- preguntó el niño emocionado
-Sí, por supuesto.-contestó el hombre, muy seguro de sí mismo.
El chico puso los ojos como platos y se quedó boquiabierto. Ese señor había volado. ¡Que emocionante!, tenía tantas cosas que preguntarle. Empezó por lo primero que se le ocurrió.
-¿Cómo son las nubes por dentro? ¿Son de algodón de azúcar como las que vende Marisa?
El hombre apartó la vista del periódico y sonrió.
-Las nubes por dentro son gotitas de agua, muy pequeñas. En cuanto a si saben a algodón de azúcar nunca las he probado.
El niño no cabía en su asombro, ¡gotitas de agua! ¡El tenía de eso en casa! Pero lo que más le llamó la atención es que aquel hombre que volaba nunca hubiese probado las nubes.. <<¡Qué bobo!>> pensó, y se le escapó una risita.
-Oiga señor, ¿y cómo es el sol de cerca?
El hombre desistió definitivamente en su lectura de las mentiras del día y se centró en el niño.
-El sol de cerca es, déjame que piense...Enorme, y amarillo.
-Alaaa... Señor, yo también quiero volar. ¿Puedo?
El hombre rió de nuevo.
-Claro que sí muchacho ¿Tienes billete?
-¿Billete?
-Para volar quiero decir.
El niño volvió a reírse.
-Pero que bobo eres, para volar lo que hacen falta son alas.
El hombre le miró a los ojos, llenos de ilusión, y sonrió.