Mi ático lunar abandonado

jueves, 12 de diciembre de 2013

Conversaciones con mi buena amiga


[...]
-y...qué pasa los martes?
-Los martes llueven estrellas!
Pero de las bonitas, no de las que hablan en los documentales. Llueven estrellas felices, cansadas de mirarnos desde lejos, cegadas por la belleza de nuestro incierto paseo.
Y los afortunados que en esa lluvia decidan mojarse y soltar el paraguas, esos podrán volver a soñar que son estrellas y que ven miles de historias preciosas desde su ventana, en lo alto del universo.
Historias maravillosas, historias conmovedoras, de sueños e ilusiones, de batallas, de doncellas en apuros! De grandes y bellos parajes y de grandes amores.
Y son esas historias las que las hacen brillar! Pues sus protagonistas tienen fuerzas para seguir adelante, fuertes convicciones y sinceros sentimientos. Tienen una causa,tienen sed de aventura.
Y música en sus venas.
-Todo cierto! jajajaja
Pero..Mhhh
a qué hora vas a ir a estudiar?
[...]

Gracias por el paseo.
Por todo.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Confía

Fundido en la lluvia la tarde recorro. No me detengo en mi camino. Un rayo rasga el cielo y un trueno lo sigue. Camino con prisa, las nubes me alcanzan con cada gota. El abrigo hace poco, tirito de frío. No hay nadie en la calle. Llueve con fuerza. 
Lo cierto es que no me esperaba esto. Me esperaba un día luminoso, frío pero con luz, no la tormenta en la que camino. Un día agradable, un día esperanzador, un día de sonrisas externas e internas. La tormenta no da tregua, tengo el pelo empapado y el corazón en un puño.
En mi cabeza resuena "¿Qué estás haciendo?". "Vuélvete a casa" se queja mi ser "Estás perdiendo el tiempo". El viento me empuja y se pone en mi contra. La lluvia me corta. Tengo miedo. No sé qué hacer, igual volver es lo más acertado.
Entonces a lo lejos veo una luz brillar, plateada, preciosa, guiando mi camino. Una luz compañera, una luz singular.Miro al cielo y sonrío contento a la Luna. Llego a tu puerta y tomo aire.

miércoles, 30 de octubre de 2013

El regalo inmerecido

Se alzaba orgulloso entre la desordenada habitación. Mostrándose tal cual era, alegrando a su dueño cada mañana. Era hermoso. Un regalo de los mejores, para él, completamente inmerecido. Eso era arte, arte regalada, una carta de admiración escrita a pincel. Un obsequio de un amigo, un pedazo de su alma plasmado en aquel lienzo. 

Aquella carta de admiración y agradecimiento tan única constaba de dos elementos principales, y de varios meses de trabajo. El primero, un pergamino en blanco, impaciente, dispuesto a transformarse en una hoja más de aquel mediocre intento de escritor para el que había sido creado. A su lado, orgullosa, una pluma en su tintero, descansando, esperando el tacto de los dedos adecuados, como aquella espada que esperó a las manos oportunas para salir de su roca, esperando para hacer historia, para crear historias. Goteaba en esa tinta tanta poesía, tanta magia, tantas obras inacabadas, tantos quebraderos de cabeza, tantos escritos desechados...

El cuadro era una provocación diaria para su dueño, un recordatorio, una palmada cariñosa, una llamada de atención...Y todo él estaba plasmado con la esencia del pintor, con su personalidad, desde el marco hasta la firma. Un hombre que valoraba a un escritor novel, que tenía esperanzas en que continuara su obra, que creía en su amigo.

Me gustaría poder decir que aquel pintor tenía razón al confiar en la perseverancia del joven, pero esa historia aún no está escrita. Aunque, pensándolo bien, teniendo pluma y papel ¿qué más se necesita?


Gracias

domingo, 6 de octubre de 2013

Atentos a la realidad

Es una estación de tren. Hay mucha gente: algunos van en parejas o en grupos más grandes, más o menos contentos; otros van solos, con la única compañía de una lista de reproducción. Cada uno protagonista de su historia, más o menos decidido en su camino, más o menos atento a su vida... El sol entra por la cristalera del techo iluminando una fuente decorativa en que las tortugas viven una ilusión de libertad. Los trenes vienen y van, y así también la gente.

Todo se mueve, cientos de historias viajando en cientos de direcciones distintas, esperando con sonrisas, despidiendo con lágrimas en los ojos, jóvenes que empiezan un camino, hombres que regresan a casa. Cada uno pendiente de su vida, sin reparar casi en la gran estación, en el bullicio, y en lo que ella acontece.

Y sin embargo al verte, todos se detienen. Y yo te miro desde la escalera, veo tus ojos y tu sonrisa me muestra la felicidad. Cuando nuestros ojos se encuentran empezamos a correr. Bajo los escalones de dos en dos, me abro paso entre la gente que se ha quedado quieta. Todos pendientes de nuestro encuentro. Las conversaciones han parado, la música es nuestra risa, reflejo de nuestra alegría. Un lugar abarrotado de gente contemplando una escena digna de verse. Todos quietos, en silencio, expectantes, compartiendo nuestro momento.

Al llegar a tu lado te abrazo con fuerza, con felicidad y con amor. Y damos vueltas, perdidos en ese abrazo, o más bien encontrados al fin, con el alma radiante y los ojos llorosos. Entonces, tras el largo abrazo vuelves a mirarme y ya no veo nada más que tus ojos, y nada más quiero ver. Te miro y me miras, no sé muy bien durante cuánto tiempo, tal vez lo que dura un sueño.

Un sueño del que no despierto ni siquiera con los aplausos y vítores con que nos brindan todos los allí presentes: ejecutivos,  ancianos, estudiantes, familias, niños, trabajadores...Todos felices, compartiendo nuestra felicidad, atentos a la realidad. No, nada me despierta de este sueño que es real, el sueño de mi vida, el ansiado despertar.