Mi ático lunar abandonado: 2014

jueves, 20 de noviembre de 2014

Más historias de amistad

En esa cocina blanca, tras la larga conversación, recogíamos los restos de una buena cena, agotados, con algo de frío, pero felices. Y felices por muchas cosas, pero sobre todo por sentirnos a salvo, allí, lejos de todo y cerca del fuego, de ese fuego que nace del encuentro y que a veces peligra en la tediosa rutina, aparentemente interminable, aparentemente impersonal. En ese momento él me dijo:
-Me gusta hablar contigo, me hace pensar.
Le miré, algo ruborizado, algo melancólico. Le miré y sonreí como suelo hacerlo, con la sonrisa triste en mis labios cansados. 'Te mereces todo lo bueno Jaime Morales' pensé de nuevo.
-A mi también me gusta hablar contigo Jaime, de verdad.
-¿Y te hace pensar?
-No.-contesté sincero.-Más bien me pone un poco triste. Pero me gusta, me hace recordar.

***

En aquel pasadizo, en lo profundo de la montaña. Emocionados, fríos y algo asustados, medimos cada paso entre las piedras, pendientes de no tropezarnos.
-¡Es una pasada Dani!-grito hacia atrás con la linterna en la mano y los zapatos sucios por el barro.
-¡Y qué lo digas!-oigo que me responde-¡No se ve nada!
Sonrío y sigo adelante, con cuidado de no resbalar. En ese momento no pienso, o intento no hacerlo. Simplemente avanzo, con la capucha puesta, por ese túnel secreto.Vivir el momento. Vivir la aventura. Disfrutar.

***

-Gracias por todo, ha sido una pasada. De verdad.-me dijo Iber en el abrazo de despedida el domingo.
-Gracias a ti.-y lo dije como siempre intento, desde el corazón. Pensé entonces en lo fantástico que había sido todo. Pensé en la suerte de que hubiera venido. '¡Qué ganas de conocerte más!' eso pensé. Recuerdo que sonreí.

***

Los tres bajamos por el pueblo, es de noche y ahora, ya de regreso, vamos por la alameda, con las manos en los bolsillos y los abrigos bien abrochados.
-Es una pena que sean tan pocos días-nos dice Pablo a Jose y a mí.
-Sí, pero es difícil sacar más con tanto examen y tanta historia-responde Jose.
-Sí, bueno. Pero aún así es una pasada. Por cierto Pablo, ¿qué tal va este curso? ¿mejor?
Él responde que sí y eso me alegra. Espero que siga así la cosa, al pobre le dieron mucha caña el año pasado.
La noche es fría y las tiendas ya están cerradas. Volvemos andando en un cielo nublado, que aún así nos deja ver alguna estrella. Hablamos de esto y lo otro, reímos y gastamos bromas sobre la peli.

***

-¡Muy buenas!-me dice Ina en el bullicio de la ciudad.
-¡Eii!-le contesto con un abrazo.-¿Qué tal?
-Muy contento, bueno, he ido a la uni un poco por ir, apenas he tenido clases hoy. Pero un chico me ha estado hablando de Sigüenza, dice que hay que ir al pinar.
-¡Qué ganas de finde!
-Y que lo digas macho. ¡Mira, ahí viene Jaime!
***

Fue un buen fin de semana. Lleno de risas, de guitarra, de música y juegos, de buenas conversaciones y algunas fotos. Fue un buen fin de semana, lleno de paz y amistad. Solo decir una vez más lo que hablé con Dani en el tren, ya de vuelta, mientras Jose dormía: 'Estoy rodeado de gente magnífica'.

Gracias.

viernes, 24 de octubre de 2014

¡Un verdadero valiente, padre!

[...] Y te decía padre, que he tenido una gran suerte. Pues este joven del que te hablo, el singular valiente, es amigo mío. 
No es amigo como aquellos que me definiste un día, en una de nuestras charlas en el monte Abantos, cuando me dijiste que Amigo es una palabra que se escribe a tinta y con mayúsculas, una palabra que no debe usarse a la ligera. No, en verdad no quiero soñar con pretender tal honor. Pero sí me atrevería a decir que profesamos el uno por el otro un aprecio y respeto mutuo. Y eso padre, teniendo en cuenta las hazañas de este joven, me hace ver que, en verdad, soy afortunado.

Como te decía, se trata de un valiente. ¡Un verdadero valiente, padre! ¡En estos tiempos resulta tan fascinante dar con uno! Defiende sus ideas con tal pasión, con un brillo en la mirada, que  a mi me gusta pensar refleja el fuego interno donde nacen sus fuertes ideales. Y cómo debe arder ese fuego padre, pues su mirada es sincera y coherente. Allá donde va, sin amedrentarse, se presenta tal y como es. 
Defendiendo sus argumentos sin que le tiemble la voz ante multitudes enfurecidas, o bien dialogando calmadamente en ambientes donde se respira un mayor respeto, deja clara la fuerza de sus convicciones, nunca se acobarda. Pero padre, y esto es lo que más me impresiona, los defiende cada día, en el silencioso ejemplo, en su actuar cotidiano. Es decir padre, que este joven en verdad vive como piensa, y, y esto es sin duda lo mejor ¡siente lo que vive! [...] 

  

lunes, 15 de septiembre de 2014

Fuegos artificiales

Era ya de noche, tras una agradable tarde con mis abuelos, salimos al jardín a contemplar el final de las fiestas, acontecimiento sencillo pero grandioso, consistente en unos cinco minutos de luces voladoras, en apariencia mágica.

Según se aproximaba la medianoche de aquel día de agosto, fue llegando más familia a la casa: tíos, primos y algún conocido. La mayoría llegaban con la alegría edulcorada propia de las fiestas de un pueblo, no borrachos, pero si bebiendo. Recuerdo la queja amistosa de mi tío Gonzalo: "¿Es que bebéis siempre?" completamente ignorada, excepto tal vez por mí. Lo cierto es que me hizo gracia ese comentario, pues yo estaba pensando algo parecido. Tal vez por eso, mientras contemplaba los fuegos artificiales y me dejaba embriagar por su mágico efecto, me sentí especialmente cómodo a su lado. Tal vez.

Uno tras otro, se fueron sucediendo los encantamientos de la pólvora, sucitando en nosotros y en el gentío del Paseo de las Cruces un asombro dulce, casi infantil. Mientras veía desaparecer grandes palmeras de luz, pensaba un poco en todo. En mi familia, en mis amigos, en ese pueblo, en las historias que ahora contemplaban ese fenómeno pirotécnico, olvidando un poco y sintiendo un poco más. Sobre todo pensaba en mi familia. 

Recuerdo ahora, como entonces, viejos momentos con mis primos, jugando en aquel jardín, pasando las horas mientras soñábamos con ser protagonistas de historias brillantes, de cuentos jamás escritos...Recuerdo cuando juntos comprendíamos la magia. Pero ya hace mucho que no jugamos juntos. La magia ya es sólo pólvora que se evapora en el cielo y apenas dura un suspiro.

domingo, 15 de junio de 2014

El lago de la vida

El viejo ve su reflejo en el lago. Contempla su arrugado rostro, pero ese no es él. Levanta una piedra y se mancha con el barro, cemento gris que adorna sus callos. Sin pensar demasiado, nota una brisa que mueve las hojas de los árboles. Escucha la vida mientras observa al anciano atrapado. Parece que respira bajo el agua. Parece que respira sobre ella. Sus ojos escondidos y su rostro olvidadizo, de pelo escaso y facciones reptilianas no son suyos. ¿Quién es? ¿Por qué le mira? ¿Qué ha hecho con su reflejo? ¿Quién soy?
El hombre llora, se sabe viejo. Su vida se acaba, ya no tiene nada. Incluso su reflejo le ha abandonado. Los amigos y las risas, la cerveza fría, las guerras, las luchas, la paz, la revolución, la poesía, los libros, el amor...Todo flota en ese falso mar, su vida sumergida entre los juncos, la tinta desdibujada, los versos al fin libres, dejan de existir...Y entre ellos aquel hombre que le mira que no es él. Esa brisa que sin querer le mece. La bondad del mundo frente a las arrugas del hombre. Levanta la piedra, y suavemente, sin vida ni fuerza, la deja caer.
La gravedad hace el resto, como era de esperar. Cae el canto, rompiendo el aire, directo a la calma, preparado para nada, sin saber ni querer saber, sin ser, sin poder elegir. Cae y rompe el agua, que sin ganas, se deja quebrar. Pero entonces el viejo sonríe, pues ahora puede verse, su reflejo ha vuelto. La nube difusa, la definición incierta, los versos del poeta, tormenta en alta mar...Un nuevo rostro con nuevas historias...Al menos hasta que vuelva la calma.

sábado, 10 de mayo de 2014

La fuerza de una lágrima

¡Cuidado!
¡Ya no hay remedio! 
¡Apártense! 
¡Sálvese quién pueda!

Varios millones de cientos de miles de seres contuvieron el aliento. Pero eso no sirvió para nada.

Todo había sido inútil. 

Era difícil que hubieran ganado aquella batalla. Es difícil ganar cuando luchas contra la Omnipotencia. No es imposible al contrario de lo que la lógica diría, sobre todo, si la ilógica, con sus contradicciones más logradas (especialmente orgullosa de su círculo cuadrado) comanda uno de los batallones más poderosos jamás soñados de tu ejército. Sin duda fue un espectáculo digno de verse: bolas de fuego heladas que surcaban el claro cielo de color intermitente; piedras demasiado pesadas para su propio Creador cayendo del cielo sobre las hordas enemigas; pájaros topo, que vuelan bajo tierra dejando surcos en las nubes de algodón... A la vez bello y feo, lógico e incomprensible.

Pero claro, no es fácil ganar cuando luchas contra la Omnipotencia.

Hay momentos en los que crees que todo saldrá bien, pequeños instantes en los que los enemigos desaparecen y la risa de un niño feliz hace florecer, en un instante, este bello mundo. En esos momentos, la Omnipotencia está de tu parte: el combate está a la vez igualado y desigualado. ¿Quién puede más: quién todo lo puede o él mismo? No sé la respuesta, pero de nuevo, el espectáculo está asegurado. Los ejércitos de uno y otro bando aparecían y desaparecían de manera intermitente. Eran vencidos y vencían. Luchaban y se rendían. Era un constante caos y orden simultáneo. Pero, aunque la Omnipotencia se cansara de estar de tu lado y tu ejército empezara a desaparecer como una sombra al llegar la noche, la Omnipotencia podía cambiar de opinión. Siempre podías convencerle de que volviera a combatir demonios dominados por la lógica y empapados de realidad concreta. Siempre podías convencerle con una buena canción de despedida. 

O al menos eso creían.

Varios millones de cientos de miles de seres contuvieron el aliento. Pero eso no sirvió para nada.

Todo había sido inútil. 

La Omnipotencia eligió bando, y sus lágrimas ahogaron la libertad de sus sueños. Los demonios vencieron, ¿o tal vez fueron derrotados?

martes, 6 de mayo de 2014

Historias de amistad

-¡Corre! Ahora no miran- Me dice Martín  al oído entre todo el ruido de la galería. Yo estoy bastante asustado, siempre es emocionante saltarse las normas pero si nos pillan nos castigarán, y a mí no me han castigado nunca. Bueno, excepto esa profe de Gimnasia que sustituyó a Alejandro, pero, es que era muy rara.

-¿Y qué pasa con Jose?-pregunto.

-Jose come en casa, no está aquí. ¿Vamos ya o qué?

Cojo aire y digo: ‘Vamos.’

Nos abrimos paso entre los demás niños y llegamos a la salida de la galería. Ana, la cuidadora, acaba de entrar en el baño con una niña que se había caído y tiene las rodillas raspadas. Pasamos tan rápido que no nos ve nadie. Una vez en la salida miramos a ambos lados asomando la cabeza para ver si pasa alguna monja. ¡Despejado!

Entrar en el edificio durante el recreo estaba prohibido. Pero aquel día descubrimos que era fantástico. Martín y yo recorrimos pasillos vacíos y helados con el 'babi' de los mejores agentes secretos de la historia, viviendo una aventura a cada paso que dábamos. Cada vez que oíamos a alguien nos escondíamos en algún aula hasta que se alejaban lo bastante para que no pudiésemos oír sus pasos, conteniendo la risa y el aliento. Nos agachábamos al pasar por delante de las puertas de los despachos y sorteábamos a las monjas más mayores con alguna mentirijilla.

A veces lo hacíamos sin motivo, otras veces, para cumplir alguna misión como ir a baños más limpios o recuperar algún objeto olvidado. Recuerdo esos días con especial cariño. La vida era emocionante, sonase el timbre o no.

martes, 8 de abril de 2014

Anhelos

Vuela, libre, por encima del mundo y sus ataduras. Flota como ser etéreo. Se desliza por la superficie de un mundo al que no pertenece. Es feliz. Camina por las aguas del más bello de los lagos. Se sienta en su isla, lejos de las dudas. El mundo es suyo, y a la vez de nadie. Siente la arena en sus pies. La mueve con los dedos. Coge un puñado y abre la palma, observando como cae.
Sube al Cielo y abraza a sus abuelos. Baja al Infierno para comprobar si es tan horrible como lo pintan. Sonríe y se marcha.
De nuevo pasea por las estrellas, es su mundo y a la vez no es suyo. Fascinado descubre belleza en su travesía. Belleza y peligros. Peligrosa belleza. Vive aventuras que jamás soñó. Conoce gente sobre la que jamás ha escrito nadie. Da una vuelta por el Universo, por los confines del mundo. Descubre cientos de estrellas, pero apenas formula deseos. Acaricia la textura del vacío y la encuentra familiar. 
Entonces vuelve a casa, pero no la encuentra. No tiene hogar al que volver. No en este mundo. Conoce el centro del Cosmos, y ha visitado los límites de la Creación. Pero no es de este mundo, no tiene lugar al que volver. ¿Feliz?¿Etéreo? Sin patria ni bandera. Viaja buscando un lugar en que poder soñar sin miedos. Fundir la realidad con sus sueños y llorar de Paz. El abrazo paterno, el beso de su madre. Está cansado de maravillarse. Sólo quiere olvidar. Ser un niño de nuevo. Viajar a Nunca Jamás.

                                     

sábado, 5 de abril de 2014

Lágrimas de tinta


<<Siempre quiso ser escritor, pero nadie le enseñó a escribir>>

No tenía muy claro por qué lloraba, pero lloraba. Lloraba como no había llorado en todo  aquel año, la frustración fluía desde sus ojos irritados, siguiendo la curva de sus mejillas, deteniéndose en sus labios, allí donde esperaba su grito. El grito de su ser entero, desgarrador, inaudible, pero real, alivio momentáneo de sus penas. Grito de un alma aventurera que bien pudiera ser la protagonista de alguno de sus intentos de novela.

Así era, todo habían sido preliminares, nada estaba contado. Sólo un montón de ideas entrelazadas, olvidadas en un cajón de la mente del perezoso escritor frustrado. Era algo así como una paradoja: él condenaba a los personajes de sus inacabados libros a la existencia sin argumentos, a las páginas en blanco, a la incertidumbre destructora; pero si lo hacía era sólo porque él mismo carecía de historia, de drama, de ilusión y de aventura. 

El alma enferma engendra almas enfermas buscando curar su mal, sin saber que al escribir sus nombres en su mente, ya los condena a una existencia de la que siempre será responsable, y  que en sus manos está el hacer de ésta una aventura digna de ser vivida por aquellos a los que decidió dar vida: sus personajes.

[continuará...]

viernes, 28 de febrero de 2014

Aguanta


Menudo idiota.-dijo mirando el cadáver destrozado sobre el asfalto. 

No pienso llorar por ti-se dijo. No. Él se lo había advertido lo suficiente. 
Pero, para bien o para mal, somos libres. El corazón del hombre se ve zarandeado por vientos muy peligrosos. No da tiempo a pensar bien, siempre andamos improvisando. No estamos preparados, nadie nos enseña a vivir, nadie sabe muy bien cómo se hace. Cuesta girar el timón en contra del incompasivo oleaje y un barco no se gobierna solo.

De vez en cuando la tormenta parece que va a acabar con nosotros. Pero en realidad todo es un engaño. El mundo va de farol, pero sabe jugar muy bien. No se pierde la partida hasta que se muestran las manos. Solo nosotros podemos apostar a nuestro favor, y hemos de jugar bien nuestras cartas para ganar la partida. El problema es rendirse. Y él se había rendido saltando desde aquella azotea. Idiota.

-Cobarde.- dijo en el entierro. Y tiró sobre el ataúd donde se descomponía el cuerpo que tantas veces hubo abrazado un sobre con las fotos de todos los momentos que se había perdido. Las fotos de su feliz futuro, en el que toda la desesperación por la que atravesaba hubiere sido vencida. Y mientras arrojaba las pruebas de aquel regalo rechazado gritó de dolor: ¡¿Por qué no esperaste papá?! Estabas a punto de conocer a mamá. 

Y desapareció. Sin haber llegado nunca a existir.


martes, 11 de febrero de 2014

Misión Posible

Te falta el aire, pero ¿quién lo necesita?

La felicidad, la esquiva meta, en un fin de semana.
Puedo decir sin temor que he respirado la alegría y la paz.
He encontrado el sentido de la vida en cada carcajada.
He sacado la lengua a los grandes filósofos y pensadores
y he huido de sus debates haciendo la croqueta.
He encontrado el mayor tesoro y al verlo he sonreído.

He vuelto a ser un niño por unos días.
He reído y he soñado como si no hubiera un mañana.
He vivido aventuras y cantado viejas canciones.
He dado gracias a Dios desde el Jardín del Edén.
He disfrutado siendo yo mismo.
Me he aceptado.
He viajado a Nunca Jamás y he aprendido a volar.

Gracias a ellos, mis amigos, es que conozco al fin el Cielo.
Son sus risas la banda sonora de la película de mi vida.
Sus palabras, directas y claras.
Discutir con ellos, embriagador.
Es estar a su lado poder ser quién soy.
Es saberme su amigo, saberme Vivo.

Te falta el aire, pero ¿quién lo necesita? Más vale morir de risa que vivir sin ella.


lunes, 3 de febrero de 2014

¿Hemos llegado ya?

Viajan en coche. La madre duerme en el asiento delantero, acurrucada bajo la cazadora del padre. El hijo mayor mira por la ventana, hace poco que se ha despertado y está muy activo; los demás duermen. El padre lleva mucho tiempo al volante, pero sigue sonriendo. Está anocheciendo.
-¿Por qué los árboles no se mueven papá?
-Habla bajito hijo. No despertemos a la tropa.
El niño repite la pregunta en voz baja. La sonrisa del padre se hace más grande todavía.
-Pues, ¿tú por qué crees?
El niño se lo piensa un poco y dice finalmente:
-Porque son unos vagos.
El padre se ríe mientras toma el desvío.
-¿Unos vagos, eh?
-Sí, mamá siempre me dice que soy un vago cuando no hago nada. ¿No tienen mamá los árboles?
-Yo creo que los árboles no se mueven porque no tiene piernas- interviene su hermana pequeña, que lleva despierta unos minutos.
-¡Que tontería! La tía Marisa tiene piernas y no se mueve.
-Calma chicos. No despertéis a mamá.
-¿Hemos llegado ya?- se despierta otro de los niños. Su cara no tiene desperdicio. Se le ha quedado pegado un cromo en la mejilla y sus ojos delatan el sueño que tiene.
-¡Pero eso es porque va siempre en esa silla de ruedas!
-Schhst. Chicos, chicos. Hablad bajito por favor.
-¡Buenos días!- dice de pronto la más pequeña de las chicas, que se ha despertado por el alboroto.
-¿Pero qué pasa con los árboles?
-Los árboles saben hablar bajito.
-Papá no seas tonto. Los árboles no hablan- se ríen todos.
El bebé se despierta y empieza a llorar.
-Lo véis. Ya se ha despertado.
Mientras los niños intentan dormir a su hermano pequeño la madre, que se ha despertado, sonríe y mira a su marido.
-Te quiero.-susurra
Le da un beso en la mejilla y se vuelve hacia sus hijos, que han conseguido calmar al peque.
-A ver, ¿me podéis explicar de qué va todo esto?
El mayor es el más rápido en contestar:
-Es que quiero saber por qué no se mueven los árboles. Pero papá no tiene ni idea.
-¡Oye!- dice el padre entre risas.
-Es verdad, papá no tiene ni idea.-se burla la madre, aún sonriendo.

viernes, 31 de enero de 2014

De nuevo

Ver amanecer desde el tejado siempre le había gustado. Hacía tiempo que no subía, la vida no le dejaba, o eso se decía.

Tenía frío.

Observó en silencio la agonizante oscuridad. Lo cierto es que temía estar solo, enfrentarse con su ser. Y bajo la luz del sol naciente, todo se ve demasiado bien.

Había pasado demasiados meses huyendo de las preguntas, acallando su espíritu inquieto. Viviendo sin vivir, matándose sin morir del todo. Había hecho daño a todos los que le querían, frustradas  fueron las esperanzas en él depositadas. Mucho había cambiado en poco tiempo, y ,sin embargo, allí de nuevo el sol salía.

Puntual, aparentemente inmutable, la luz avanzaba poco a poco.

Sintió el calor en sus mejillas, cerró los ojos y suspiró. Lloró de cansancio y de amargura. Se dejó mecer por la luz de la aurora. Allí estaba él, de nuevo, como tantas otras veces, delante de su sol, del astro ardiente. Había llegado su hora, el nuevo día. Luz de nuevo, rayos de esperanza. Regalo del cielo, nuevo comienzo.‬