Mi ático lunar abandonado

martes, 31 de marzo de 2015

'Últimamente los martes son horribles'

Hoy he oído que un avión se ha estrellado en los Alpes. Apenas ha significado nada para mí. Y, sin embargo, hoy ella está triste; y eso sí que me ha parecido importante.

Lo he notado en como he apretado los dientes, también en un peso que ha surgido en mi interior, a la altura del nacimiento de la aorta. Lo he notado en las veces que la he mirado, y también en el modo en que lo he hecho.

'No somos nada' suele decirse en estos casos. Pero ella está triste, y eso es algo. Ella y tantos otros, ¡y por tantos motivos! Muchas de las tristezas que nacen hoy tardarán toda una vida en morir, otras lo harán está misma tarde, con un helado o con un mensaje, vete a saber.

La vida sigue para algunos, y con ella sus tristezas. Y, a pesar de todo, parece que no hay nada extraño ni incómodo en que un avión haya caído del cielo. A nadie le gusta, por supuesto; pero nada está fuera de lugar en esa clase de noticias. 

Y la verdad es que puedo vivir con eso; pero no con el hecho de que ella esté triste.


sábado, 28 de febrero de 2015

III

Pobre de aquel que sienta 
como yo siento,
que ame como yo amo.

Sufrirá como yo sufro
y llorará como yo hago.

Pobre de aquel que viva
como yo quiero;
que muera sin un descanso.

Su entusiasta corazón
sangra un poco a cada paso.

Pobre de aquel que, como yo busco,
busque;
¡pobre necio esperanzado!

Que por querer vivir más
muera joven, 
desdichado.

viernes, 27 de febrero de 2015

Temblores

El sitio era caro, pero acogedor; tenía toques de pub irlandés, como esos que salen en las series de televisión que nos ayudan a pasar los tiempos muertos con alguna risa enlatada. Pero eso no era suficiente para hacernos olvidar que seguíamos en una calle perdida de Madrid en un bar desconocido y bastante caro; y es que Madrid nunca sale en esa clase de series.

Por aquel entonces yo no bebía, así que gasté más de tres euros en un refresco azucarado, sin gas por supuesto, que no sació mi sed; claro que, por otra parte, tampoco esperaba que lo hiciese. A veces los refrescos sólo están para darnos algo que hacer cuando la conversación decae, como si con ese sorbo diésemos una explicación al hecho de que nadie hable, tranquilizando al pequeño neurótico que todos llevamos dentro. Nuestra generación nunca ha aprendido a convivir con el silencio.

Miradas que no dicen nada, abrazos que se desvanecen. Un amigo lo pasa mal y no sabes cómo ayudarle.  No buscamos en los ojos del otro porque tenemos miedo a vernos a nosotros mismos; decimos que no tenemos máscaras, pero lo que no tenemos es rostro. No somos más que fantasmas histéricos que tiemblan cuando se apaga la risa.

La magia estuvo bien: varios efectos que no conocía y que me dejaron con la boca abierta, algunos chistes graciosos, otros menos afortunados, momentos dulces, momentos insípidos... Yo estaba allí con mis amigos, siempre cerca, siempre lejos; me cayó muy bien el segundo artista, me dio la sensación de que teníamos mucho en común.

Fuera hacía frío y volver a casa me resultó agotador. Tardé en dormirme, tardé en despertar. 

Estamos perdidos y cada vez más solos. Esta mañana no encontraba el móvil en casa y, en el bus, no he tenido más remedio que mirar a mi alrededor. He visto muchos de esos que se llaman adultos, sus vidas están llenas de risas enlatadas, y normalmente tienen un guión pésimo. Luego he encontrado el móvil, resulta que estaba en otro bolsillo; lo he encendido y he dejado de temblar.

lunes, 23 de febrero de 2015

II

'Que se olviden las horas que nunca midieron nada,
la vida es perder el aliento en cada mirada'


He descubierto que en realidad, la vida es corta y escasa. 

No dura más que el tiempo en que tardan mis labios en olvidarse de los tuyos. 
Es tan efímera como una sonrisa sincera;
tan escasa como esa sensación que me embriaga y no comprendo 
cada vez que te quedas dormida en mis brazos. 

Es el dibujo en el agua que nos dice que algo ha pasado, 
que ya no está y que pronto no habrá dejado huella.

La vida es mirarse a los ojos en una carcajada. 

Un abrazo innecesario, 
un choque de puños amistoso. 

La vida no dura más que lo que tardamos en olvidar un sueño. 
Es lo que se siente al contar un cuento, 
o al cantar una canción. 

Esos versos que conmueven y que solo se dicen una vez; 
el rasgueo guitarra que nos hace vibrar.

La vida es sentir el lazo musical que a todos nos une, cuando, 
en un momento inesperado, se tensa y nos acerca
deshilachando las barreras,
despertando las emociones.

La vida es un instante entre todas esas horas,
que sucede sin buscarlo, 
como los besos robados.
 
La vida es ese cosquilleo, 
ese silencio eterno que apenas dura un suspiro.

Es olvidar respirar cada vez que intentamos aprender a hacerlo.

Es nacer al despertar y olvidarse de la muerte.