Mi ático lunar abandonado: febrero 2014

viernes, 28 de febrero de 2014

Aguanta


Menudo idiota.-dijo mirando el cadáver destrozado sobre el asfalto. 

No pienso llorar por ti-se dijo. No. Él se lo había advertido lo suficiente. 
Pero, para bien o para mal, somos libres. El corazón del hombre se ve zarandeado por vientos muy peligrosos. No da tiempo a pensar bien, siempre andamos improvisando. No estamos preparados, nadie nos enseña a vivir, nadie sabe muy bien cómo se hace. Cuesta girar el timón en contra del incompasivo oleaje y un barco no se gobierna solo.

De vez en cuando la tormenta parece que va a acabar con nosotros. Pero en realidad todo es un engaño. El mundo va de farol, pero sabe jugar muy bien. No se pierde la partida hasta que se muestran las manos. Solo nosotros podemos apostar a nuestro favor, y hemos de jugar bien nuestras cartas para ganar la partida. El problema es rendirse. Y él se había rendido saltando desde aquella azotea. Idiota.

-Cobarde.- dijo en el entierro. Y tiró sobre el ataúd donde se descomponía el cuerpo que tantas veces hubo abrazado un sobre con las fotos de todos los momentos que se había perdido. Las fotos de su feliz futuro, en el que toda la desesperación por la que atravesaba hubiere sido vencida. Y mientras arrojaba las pruebas de aquel regalo rechazado gritó de dolor: ¡¿Por qué no esperaste papá?! Estabas a punto de conocer a mamá. 

Y desapareció. Sin haber llegado nunca a existir.


martes, 11 de febrero de 2014

Misión Posible

Te falta el aire, pero ¿quién lo necesita?

La felicidad, la esquiva meta, en un fin de semana.
Puedo decir sin temor que he respirado la alegría y la paz.
He encontrado el sentido de la vida en cada carcajada.
He sacado la lengua a los grandes filósofos y pensadores
y he huido de sus debates haciendo la croqueta.
He encontrado el mayor tesoro y al verlo he sonreído.

He vuelto a ser un niño por unos días.
He reído y he soñado como si no hubiera un mañana.
He vivido aventuras y cantado viejas canciones.
He dado gracias a Dios desde el Jardín del Edén.
He disfrutado siendo yo mismo.
Me he aceptado.
He viajado a Nunca Jamás y he aprendido a volar.

Gracias a ellos, mis amigos, es que conozco al fin el Cielo.
Son sus risas la banda sonora de la película de mi vida.
Sus palabras, directas y claras.
Discutir con ellos, embriagador.
Es estar a su lado poder ser quién soy.
Es saberme su amigo, saberme Vivo.

Te falta el aire, pero ¿quién lo necesita? Más vale morir de risa que vivir sin ella.


lunes, 3 de febrero de 2014

¿Hemos llegado ya?

Viajan en coche. La madre duerme en el asiento delantero, acurrucada bajo la cazadora del padre. El hijo mayor mira por la ventana, hace poco que se ha despertado y está muy activo; los demás duermen. El padre lleva mucho tiempo al volante, pero sigue sonriendo. Está anocheciendo.
-¿Por qué los árboles no se mueven papá?
-Habla bajito hijo. No despertemos a la tropa.
El niño repite la pregunta en voz baja. La sonrisa del padre se hace más grande todavía.
-Pues, ¿tú por qué crees?
El niño se lo piensa un poco y dice finalmente:
-Porque son unos vagos.
El padre se ríe mientras toma el desvío.
-¿Unos vagos, eh?
-Sí, mamá siempre me dice que soy un vago cuando no hago nada. ¿No tienen mamá los árboles?
-Yo creo que los árboles no se mueven porque no tiene piernas- interviene su hermana pequeña, que lleva despierta unos minutos.
-¡Que tontería! La tía Marisa tiene piernas y no se mueve.
-Calma chicos. No despertéis a mamá.
-¿Hemos llegado ya?- se despierta otro de los niños. Su cara no tiene desperdicio. Se le ha quedado pegado un cromo en la mejilla y sus ojos delatan el sueño que tiene.
-¡Pero eso es porque va siempre en esa silla de ruedas!
-Schhst. Chicos, chicos. Hablad bajito por favor.
-¡Buenos días!- dice de pronto la más pequeña de las chicas, que se ha despertado por el alboroto.
-¿Pero qué pasa con los árboles?
-Los árboles saben hablar bajito.
-Papá no seas tonto. Los árboles no hablan- se ríen todos.
El bebé se despierta y empieza a llorar.
-Lo véis. Ya se ha despertado.
Mientras los niños intentan dormir a su hermano pequeño la madre, que se ha despertado, sonríe y mira a su marido.
-Te quiero.-susurra
Le da un beso en la mejilla y se vuelve hacia sus hijos, que han conseguido calmar al peque.
-A ver, ¿me podéis explicar de qué va todo esto?
El mayor es el más rápido en contestar:
-Es que quiero saber por qué no se mueven los árboles. Pero papá no tiene ni idea.
-¡Oye!- dice el padre entre risas.
-Es verdad, papá no tiene ni idea.-se burla la madre, aún sonriendo.