Mi ático lunar abandonado: 2013

martes, 31 de diciembre de 2013

La fotografía

Hace tiempo de esta foto y han pasado muchas cosas desde entonces. El año termina y a su fin empieza otro, pero hay cosas que no cambian. Sigo queriendo volar, como lo hace mi imaginación cada vez que ve esta imagen.

Son dos. Un chico y una chica. El sol está situado a espaldas de ambos, a su izquierda. Los jóvenes se sientan en un banco, a la sombra de un árbol cuyo grueso tronco asoma detrás de la cabeza de ella. Parecen felices. El muchacho sonríe con todos sus dientes, y es su sonrisa la que define su rostro, quedando olvidado su desordenado cabello y sus ojos oscuros. De ella sin embargo, es su mirada la que lo dice todo, eclipsando el resto de la imagen. Su largo cabello ondulado, su mano apoyada en la barbilla , sus preciosos labios, el césped, el banco, el muchacho...Todo eso pasa a un segundo plano cuando me encuentro frente a sus ojos.

Podría imaginar el instante en que se tomó esa fotografía de mil y un modos, tratar de conocer mejor a sus protagonistas. ¿Quiénes son? ¿Quién hizo la foto? ¿Eran entonces felices? ¿Lo son ahora? Podría investigar, dedicar una vida entera a esa tarea, tal vez escribir un libro incluso. Y sin embargo no quiero, no me hace falta. Dejo la foto en la mesilla de noche y me tumbo al lado de la luz de mi vida, dejándome de nuevo cautivar por sus ojos. Entonces sonrío de nuevo y olvido todo lo demás.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Telón

Atrás quedaban los ensayos y la preparación. Las risas, las conversaciones, los agobios...Todos listos, nerviosos, inquietos, todos juntos. Por fin iban a poder mostrar lo que tanto habían trabajado. Los conocidos ahora eran amigos, los amigos, hermanos. 

Han pasado meses desde el primer ensayo y ya no se puede hacer más. Los directores, responsables, sufren pequeños ataques de nervios. Cada actor demuestra su inquietud de un modo distinto: algunos fuman, otros dan golpes en el suelo con el pie sentados en alguna silla, un par dicen tonterías y muchos han perdido la capacidad de hablar, los más perfeccionistas se quejan y repasan el papel entre bastidores...

Ya ha llegado el momento, anuncian el nombre de la obra que representan y todos en el escenario contienen el aliento. Son ahora mensajeros del olvido, portadores de la calma que hará a los presentes centrarse en la ficción y reír y soñar más allá del día a día. Van a transportar sus almas desde la cómoda butaca a la habitación 421 del Guillermo Hotel, donde juntos, disfrutarán de seguir vivos con cada carcajada.

Gracias a todos

jueves, 12 de diciembre de 2013

Conversaciones con mi buena amiga


[...]
-y...qué pasa los martes?
-Los martes llueven estrellas!
Pero de las bonitas, no de las que hablan en los documentales. Llueven estrellas felices, cansadas de mirarnos desde lejos, cegadas por la belleza de nuestro incierto paseo.
Y los afortunados que en esa lluvia decidan mojarse y soltar el paraguas, esos podrán volver a soñar que son estrellas y que ven miles de historias preciosas desde su ventana, en lo alto del universo.
Historias maravillosas, historias conmovedoras, de sueños e ilusiones, de batallas, de doncellas en apuros! De grandes y bellos parajes y de grandes amores.
Y son esas historias las que las hacen brillar! Pues sus protagonistas tienen fuerzas para seguir adelante, fuertes convicciones y sinceros sentimientos. Tienen una causa,tienen sed de aventura.
Y música en sus venas.
-Todo cierto! jajajaja
Pero..Mhhh
a qué hora vas a ir a estudiar?
[...]

Gracias por el paseo.
Por todo.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Confía

Fundido en la lluvia la tarde recorro. No me detengo en mi camino. Un rayo rasga el cielo y un trueno lo sigue. Camino con prisa, las nubes me alcanzan con cada gota. El abrigo hace poco, tirito de frío. No hay nadie en la calle. Llueve con fuerza. 
Lo cierto es que no me esperaba esto. Me esperaba un día luminoso, frío pero con luz, no la tormenta en la que camino. Un día agradable, un día esperanzador, un día de sonrisas externas e internas. La tormenta no da tregua, tengo el pelo empapado y el corazón en un puño.
En mi cabeza resuena "¿Qué estás haciendo?". "Vuélvete a casa" se queja mi ser "Estás perdiendo el tiempo". El viento me empuja y se pone en mi contra. La lluvia me corta. Tengo miedo. No sé qué hacer, igual volver es lo más acertado.
Entonces a lo lejos veo una luz brillar, plateada, preciosa, guiando mi camino. Una luz compañera, una luz singular.Miro al cielo y sonrío contento a la Luna. Llego a tu puerta y tomo aire.

miércoles, 30 de octubre de 2013

El regalo inmerecido

Se alzaba orgulloso entre la desordenada habitación. Mostrándose tal cual era, alegrando a su dueño cada mañana. Era hermoso. Un regalo de los mejores, para él, completamente inmerecido. Eso era arte, arte regalada, una carta de admiración escrita a pincel. Un obsequio de un amigo, un pedazo de su alma plasmado en aquel lienzo. 

Aquella carta de admiración y agradecimiento tan única constaba de dos elementos principales, y de varios meses de trabajo. El primero, un pergamino en blanco, impaciente, dispuesto a transformarse en una hoja más de aquel mediocre intento de escritor para el que había sido creado. A su lado, orgullosa, una pluma en su tintero, descansando, esperando el tacto de los dedos adecuados, como aquella espada que esperó a las manos oportunas para salir de su roca, esperando para hacer historia, para crear historias. Goteaba en esa tinta tanta poesía, tanta magia, tantas obras inacabadas, tantos quebraderos de cabeza, tantos escritos desechados...

El cuadro era una provocación diaria para su dueño, un recordatorio, una palmada cariñosa, una llamada de atención...Y todo él estaba plasmado con la esencia del pintor, con su personalidad, desde el marco hasta la firma. Un hombre que valoraba a un escritor novel, que tenía esperanzas en que continuara su obra, que creía en su amigo.

Me gustaría poder decir que aquel pintor tenía razón al confiar en la perseverancia del joven, pero esa historia aún no está escrita. Aunque, pensándolo bien, teniendo pluma y papel ¿qué más se necesita?


Gracias

domingo, 6 de octubre de 2013

Atentos a la realidad

Es una estación de tren. Hay mucha gente: algunos van en parejas o en grupos más grandes, más o menos contentos; otros van solos, con la única compañía de una lista de reproducción. Cada uno protagonista de su historia, más o menos decidido en su camino, más o menos atento a su vida... El sol entra por la cristalera del techo iluminando una fuente decorativa en que las tortugas viven una ilusión de libertad. Los trenes vienen y van, y así también la gente.

Todo se mueve, cientos de historias viajando en cientos de direcciones distintas, esperando con sonrisas, despidiendo con lágrimas en los ojos, jóvenes que empiezan un camino, hombres que regresan a casa. Cada uno pendiente de su vida, sin reparar casi en la gran estación, en el bullicio, y en lo que ella acontece.

Y sin embargo al verte, todos se detienen. Y yo te miro desde la escalera, veo tus ojos y tu sonrisa me muestra la felicidad. Cuando nuestros ojos se encuentran empezamos a correr. Bajo los escalones de dos en dos, me abro paso entre la gente que se ha quedado quieta. Todos pendientes de nuestro encuentro. Las conversaciones han parado, la música es nuestra risa, reflejo de nuestra alegría. Un lugar abarrotado de gente contemplando una escena digna de verse. Todos quietos, en silencio, expectantes, compartiendo nuestro momento.

Al llegar a tu lado te abrazo con fuerza, con felicidad y con amor. Y damos vueltas, perdidos en ese abrazo, o más bien encontrados al fin, con el alma radiante y los ojos llorosos. Entonces, tras el largo abrazo vuelves a mirarme y ya no veo nada más que tus ojos, y nada más quiero ver. Te miro y me miras, no sé muy bien durante cuánto tiempo, tal vez lo que dura un sueño.

Un sueño del que no despierto ni siquiera con los aplausos y vítores con que nos brindan todos los allí presentes: ejecutivos,  ancianos, estudiantes, familias, niños, trabajadores...Todos felices, compartiendo nuestra felicidad, atentos a la realidad. No, nada me despierta de este sueño que es real, el sueño de mi vida, el ansiado despertar.

martes, 17 de septiembre de 2013

Nunca más

La protagonista de esta historia tiene mucho que contarnos, ¿estaremos dispuestos a atenderla?

No puede ser, maldita sea-pensó asustada.-¿Por qué?-No podía entenderlo, qué vergüenza, ahora que salía de casa por vez primera comprendía porque había estado tanto tiempo encerrada en aquel desván. Todas las miradas se fijaban en ella, la señalaban, se reían. Estaba a punto de ponerse a llorar.Nerviosa echó a correr, apartando lo que a su paso encontraba. En su camino veía las caras de burla en cada esquina, sonrisas maliciosas que comentaban entre ellas, escuchó carcajadas. Al pasar por un parque infantil, los que allí estaban le empezaron a tirar arena a la cara. No sabía qué hacer. Las lágrimas eran su únicas acompañantes en esa carrera, en su huída del mundo. Siguió corriendo, tapándose el rostro con las manos, corrió hasta que no pudo más y se refugió en un oscuro callejón donde recuperó fuerzas y siguió llorando hasta que no quedaron en ella más lágrimas.
No sabía cuanto tiempo habría pasado, ni cuán lejos de su casa estaba. Tenía miedo, y no comprendía nada. La noche cubrió el cielo con sus miles de estrellas pero a ella le dio igual, no podía levantar la mirada del miedo que tenía.
-¿Te has perdido?-Alguien le preguntó.
-Déjeme-dijo con una voz temblorosa.
-Yo puedo ayudarte.
-¿Cómo? Todos me han abandonado, he sido repudiada.
-Con un regalo. Ten-le dio una cajita de pequeño tamaño-Buena suerte.
El misterioso hombre desapareció entre las sombras. Ella no perdió tiempo y abrió la caja. Al hacerlo cayó una nota de su interior:

"Eres demasiado grande para mí. Lo dejo en tus manos."
Pd: por atrás borra.

¿Por atrás borra?-Se preguntó. La respuesta estaba en la caja. Sacó el pequeño objeto de su interior y lo alzó feliz. Un lápiz. Un lápiz con goma de borrar. ¡Por fin podría acabar su historia! Era la dueña de su destino, ¿una novela inacabada? Nunca más.

sábado, 31 de agosto de 2013

¡Sorpresa!

-¡FELICIDADES!-gritamos todos a la vez. Él se rió y se puso a dar las gracias y a saludarnos a todos.
Alguien conectó la música, unos se pusieron a bailar y otros a charlar. El homenajeado paseaba por la terraza decorada para él con una sonrisa en el rostro, impresionado. La gente reía y el ambiente era perfecto. Atrás quedaba la preparación y los agobios, había merecido la pena, porque todo salió bien.
Fue genial, irrepetible, todos disfrutamos muchísimo, tanto, que sin apenas darnos cuenta la noche llegó a su fin y la fiesta terminó. Me fui a dormir contento e ilusionado, con una sonrisa en el rostro.

Al día siguiente me desperté cansado, pero tenía mucho que hacer, hablé con mis amigos y lo preparamos todo.

Unas cuantas horas más tarde gritamos todos a la vez: ¡FELICIDADES!. Él se rió y se puso a dar las gracias y a saludarnos a todos.El homenajeado paseaba por la terraza decorada para él con una sonrisa en el rostro, impresionado. La gente reía y el ambiente era perfecto. Atrás quedaba la preparación y los agobios, había merecido la pena, porque todo salió bien.
Fue genial, irrepetible, todos disfrutamos muchísimo, tanto, que sin apenas darnos cuenta la noche llegó a su fin y la fiesta terminó. Me fui a dormir contento e ilusionado, con una sonrisa en el rostro. <<Feliz cumpledías amigo mío>> pensé antes de sucumbir al sueño.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Volando

-¿Has volado alguna vez?- preguntó el niño emocionado
-Sí, por supuesto.-contestó el hombre, muy seguro de sí mismo.
El chico puso los ojos como platos y se quedó boquiabierto. Ese señor había volado. ¡Que emocionante!, tenía tantas cosas que preguntarle. Empezó por lo primero que se le ocurrió.
-¿Cómo son las nubes por dentro? ¿Son de algodón de azúcar como las que vende Marisa?
El hombre apartó la vista del periódico y sonrió.
-Las nubes por dentro son gotitas de agua, muy pequeñas. En cuanto a si saben a algodón de azúcar nunca las he probado.
El niño no cabía en su asombro, ¡gotitas de agua! ¡El tenía de eso en casa! Pero lo que más le llamó la atención es que aquel hombre que volaba nunca hubiese probado las nubes.. <<¡Qué bobo!>> pensó, y se le escapó una risita.
-Oiga señor, ¿y cómo es el sol de cerca?
El hombre desistió definitivamente en su lectura de las mentiras del día y se centró en el niño.
-El sol de cerca es, déjame que piense...Enorme, y amarillo.
-Alaaa... Señor, yo también quiero volar. ¿Puedo?
El hombre rió de nuevo.
-Claro que sí muchacho ¿Tienes billete?
-¿Billete?
-Para volar quiero decir.
El niño volvió a reírse.
-Pero que bobo eres, para volar lo que hacen falta son alas.
El hombre le miró a los ojos, llenos de ilusión, y sonrió.

miércoles, 19 de junio de 2013

Abre los ojos

Se montó en aquel viejo autobús verde tiritando de frío, como cada mañana desde hacía algún tiempo. Pagó su billete y se sentó cerca de la puerta trasera sin levantar la mirada. Una vez en su asiento se frotó los hombros para entrar en calor y tosió sonoramente. Abrió la mochila y sacó su móvil, conectó los cascos, se los puso, cerró los ojos apoyada en la ventana y le dio al play.

Se acomodó escuchando a su cantante favorito implorar por un amor que nunca llegaba.  Conocía la canción de memoria, y le encantaba. Empezó entonces a pensar en el amor. Y se dejó llevar por la imaginación. Aunque quizás era un poco tonto, y en verdad con su edad no tendría que pensar esas cosas, confiaba en que se encontraría al hombre de sus sueños, protagonista de tantas películas, en un momento inesperado, cuando más lo necesitase. Imaginaba ese encuentro de mil y un maneras: tal vez chocarían al salir del supermercado, tirando las bolsas de la compra, y puede que entonces se rozasen sus manos, recogiendo; o tal vez en una fiesta, entre el caos de la pista de baile sus ojos se cruzarían con los de él, apagándose todo lo demás...Soñó despierta un rato más, luego abrió los ojos, estaba llegando a su destino, apretó el botón de parada y se fue sin mirar atrás. 

Desde el bus, sentado justo detrás de donde ella había estado soñando con encontrar el amor, la siguió con la mirada un muchacho joven, con una sonrisa triste en su rostro. 'Si me tanto me buscas, ¿por qué no abres los ojos?' suspiró.


martes, 28 de mayo de 2013

Al son de aquella música

(Antes de empezar, dale al play al archivo de audio de abajo)

Hacía tiempo que me había acomodado en aquel lugar tan tranquilo y cómodo, en que daba igual tener los ojos cerrados o abiertos pues nada había para mirar, allí donde todo era oscuro. No sabría precisar cuanto tiempo llevaba allí, quizá horas, puede que años, toda mi vida hasta entonces tal vez...

Es un lugar engañoso y maldito del que hablo. Un sitio al que realmente no quiero volver jamás; de hecho, lo único que tiene de bueno esta oscura estancia, es que sólo hace falta un poco de luz para volverla mágica. Y de esto me di cuenta con las primeras notas de aquella preciosa melodía.

Comenzó de pronto, sin aviso alguno. Los sonidos venían de todas partes, resonaban en mi cabeza, haciendo temblar los pilares de mi mundo. Los instrumentos de aquella orquesta invisible quedaban olvidados, sepultados bajo la grandeza de la música que creaban. De pronto, unas finas hebras plateadas y brillantes surcaron el aire, apareciendo a pocos metros de donde yo me hallaba. Volaban, se entrelazaban, giraban, se separaban. Estaban bailando. Y con su baile, iluminaban el lugar. Yo no podía parar de mirarlas. Aparecieron más, a mis pies, subiendo por mi cuerpo, rozando mi piel, desordenándome el cabello. Recuerdo que me dio un escalofrío.

Al principio sentí miedo, estaba acostumbrado a la nada. Era cómoda y segura. Sin embargo, según avanzaba la melodía y las misteriosas hebras tomaban formas en sus danzas, me sentí más seguro que nunca. Y probablemente no lo estaba.

Entonces se agruparon, tomando aquella forma, su forma, la de aquella chica. Era ella sin duda, de color plata, hecha de mis sueños, comenzó a bailar también al son de la música. Su cuerpo era armonía, su risa al ver mi cara me hechizó completamente. Aparecieron otras hebras que fueron hacia ella, surgiendo de mi pecho, rojas carmesí. Al verlas ella rió, y su risa volvió a hechizarme.

Sin saber muy bien como, estaba bailando con ella, al son de aquella música, que daba color a mi vida. Era ella, esa chica, la luz de mi vida, no la soltaría nunca, lo tenía claro. Cuando vimos que la melodía llegaba a su fin, sólo tuvimos que seguir soñando, para poder así por siempre, seguir bailando juntos.


miércoles, 15 de mayo de 2013

El traje más adecuado

Se puso los pantalones. Abrochó los botones de su mejor camisa de seda con cuidado. Se colocó el cinturón. Los gemelos de plata que le habían regalado por el ascenso serían perfectos para ese día. Sacó del armario la corbata gris de Loewe y se echó colonia. Se apretó el nudo de la corbata  frente al espejo y se colocó la chaqueta, como todas las mañanas. 

Se miró, tratando de recordar la primera vez que se puso un traje. Curiosamente lo primero que vino a su memoria fue una fiesta de cumpleaños hacía muchos años, cuando él aún era un niño, en la que se puso el traje de Superman. Le hizo gracia verse vestido con ese traje de colores tan llamativos. Sonrió con cierta nostalgia. En ese entonces quería salvar el mundo. Menos mal que ácabó por entender que eso era imposible, y olvidando sus sueños absurdos de niñez, busco trajes más adecuados para su futuro. 

De pronto salió de sus pensamientos, algo andaba mal. Había apretado demasiado. Se estaba empezando a asfixiar. Su reflejo forcejeaba con la corbata, con el rostro completamente rojo. Intentó pedir auxilio pero no conseguía articular palabra alguna. Los ojos se le salían de las órbitas mientras buscaba algún objeto con que cortarla, pero no había nada. Cayó sobre el lavabo buscando el aire, agarrándose para no desplomarse en el suelo. Poco a poco, sus pulmones se quedaron vacíos, el reflejo de su rostro se difuminó y su mirada quedó perdida, carente de brillo. Se había ahogado en su propio conformismo. Algo natural pues, al fin y al cabo, con trajes como aquel también se entierran a los muertos.

viernes, 3 de mayo de 2013

Pérdidas y hallazgos

Y se fue, con la mirada bien alta, dejándolo de nuevo con la palabra en la boca, en esta ocasión por última vez. Él lo había estropeado todo. Tiró el ramo de rosas a la basura. Debió haberlo supuesto, el daño que había hecho era irreparable. Se sentó en un banco y observó la gente a su alrededor. Todos demasiado ocupados para ser conscientes de lo que estaba sucediendo. Y allí se quedó, sentado durante horas, pensando, recordando...La reacción natural hubiese sido luchar algo más por ella. Pero él no era un hombre cualquiera, había tenido la posibilidad de estar con esa joven, que ahora se escapaba de entre sus manos camino a la taquilla de la estación; y eso lo había cambiado todo. En su  paso por su vida, entendió que ella era increíble. 

Pero lo entendió demasiado tarde, justo en el momento en que la perdía. Sin embargo se había dado cuenta también, de que habiendo hecho lo que hizo, no era merecedor de volver a tocarla, ni mucho menos de tratar de robarle una de sus maravillosas sonrisas. No, ahora sólo le quedaba olvidar, y pasar página. Era lo suficientemente hombre como para comprender lo mediocre que había sido; la grandeza había pasado a su lado y él, no contento con no darse cuenta de lo que tenía enfrente, había hecho añicos su corazón, destruyéndolo como una obra de arte al fuego de una chimenea en invierno, ahogándola entre el humo de su ineptitud, convirtiendo en cenizas las alas de aquel ángel.

Y sin embargo aquel ángel, como el ave fénix, se recompuso y echaba ahora el vuelo más segura que nunca, pese a que aún le temblasen las alas. Al ver como ella después de todo seguía en pie, firme y confiada, fue consciente de que era el momento de abandonar. Por suerte ella era fuerte y superó lo ocurrido, al menos así él no tendría que cargar con la culpa de haberle robado esa flor al mundo. Sólo sufriría porque perdió el derecho de contemplarla, porque esa flor era su flor y ahora volaba, lejos, libre al fin de un patán como él. De alguien que no apreció lo que tenía.

Las lágrimas recorrían sus mejillas anhelantes de un consuelo que nunca llegó. Un consuelo que él no merecía. Y ella subió a un tren, rumbo a ninguna parte, en busca de un pozo profundo donde sumergir sus recuerdos, donde limpiar su memoria de los errores del pasado. Y sería en ese profundo manantial donde la esperaba el hombre que, pese a todos sus defectos, la hizo feliz por siempre jamás.

martes, 9 de abril de 2013

Un gran momento para la historia

Dos jóvenes caminan de la mano en el parque. Ya está anocheciendo, la nieve cruje suavemente bajo sus pies. Ríen. Bromean. Están enamorados, y además, es Navidad. El parque les brinda un lugar precioso para pasear. 

Ella camina feliz, ahora en su rostro se dibuja una sonrisa a la que ha precedido una sonora carcajada. Ese chico la vuelve loca. Aprieta fuerte su mano, luchando por mantenerlo cerca, temerosa de que por soltarla él fuese a desvanecerse como un sueño que escapa de los recuerdos y pasa al olvido en el momento justo en que quieres contarlo. No está dispuesta a renunciar a ese sueño, no concibe su vida sin ese chico.
Él por su parte sonríe por dentro, no hay en el mundo persona más afortunada. La tiene a ella, lo tiene todo. Ha alcanzado su destino a poco de empezar el camino, y saberlo le hace feliz, le llena de paz. Es cierto que no sabe que le deparará el futuro, pero eso no importa, ese momento que está viviendo, sintiendo sus dedos entrelazados con su amor, consciente de que son uno sólo, es lo único importante: Carpe Diem.

Y yo les miro, compartiendo ese momento tan mágico, espiando sus pensamientos y sus sonrisas. Este es sin duda un gran momento para la historia, algo que siempre me gusta volver a ver. Me encanta regresar a este instante concreto del tiempo, me gusta disfrutar de algo que, tristemente, no tardaría en desaparecer. Les vuelvo a mirar cuando ya se alejan y aparece en mí una sonrisa melancólica, me gustaría que las cosas hubiesen sido de otro modo. Yo había alcanzado mi destino, y ahora en verdad ni siquiera tengo camino por recorrer. Nunca debiste soltar mi mano.


lunes, 8 de abril de 2013

La historia de siempre

Escribo un poco más y borro. Tacho aquí y allá y lo emborrono todo. Otra vez. Cojo una hoja nueva del estante y la sitúo ante mis ojos. Ella me mira, carece de ojos, pero me mira, y su mirada es fría, desconfiada; parece como si supiese que soy nuevo en esto, que me siento inseguro y que lo más probable es que la acabe arrugando de frustración entre mis dedos y la sitúe en la, ya rebosante de sus hermanas, papelera sin el menor escrúpulo. 
Y sin embargo no parece asustada, no es que espere que vaya a echar a correr ni nada por el estilo, hace años que me convencieron que eso no podía ocurrir, pero si me parecería normal atisbar algo de miedo en su blanquecina piel, yo por lo menos estoy conteniendo el aliento. No hay nada más peligroso para una hoja en blanco que un escritor primerizo, así como no hay nada más peligroso que una hoja en blanco para un escritor primerizo. Es un combate de fuerzas bellas el que se da entre estos elementos. Un combate adictivo para muchos como yo, y peligroso para los incautos. Una fiera lucha psicológica, profunda y, sobre todo insisto, peligrosa. 
La hoja sólo se defiende, nunca ataca, es paciente, muy paciente, pero siempre está atenta a todos tus pasos, esperando tu error garrafal, dispuesta a reír con ganas de tu cara de idiota, dispuesta a demostrarte que tú mismo te vences. 
El escritor sin embargo nunca se defiende, siempre ataca, es como un peón valiente que levanta el boli como un arma sin intención de retroceder. Y sin embargo en la lucha, tras cada estocada de tinta sobre el papel, la hoja aprovecha para destacar los errores, buscando desmoralizar y hacer abandonar a su contrincante. No le importa morir en el intento ¿qué más da que la arruguen y la tiren si consigue con eso silenciar la historia más bella jamás escrita? En fin, vuelvo a la lucha, espero salir victorioso.

domingo, 17 de marzo de 2013

Creadores y verdugos

Era horrible, encerrada como estaba, en ese pequeño cubículo andrajoso cerrado a cal y canto apenas si podía ya respirar. Y lo peor de todo es que aún recordaba el exterior. Y es que hubo un tiempo en que su captor estuvo orgulloso de ella y la mostraba con una sonrisa a sus amigos. Recordaba haberle visto hablar de ella durante días . Y era todo tan bello, tan bonito, había tantos colores allá fuera, tanta vida, tanta esperanza... 
Sin embargo, según fue pasando el tiempo se distanciaron. Ya no la prestaba tanta atención, y pese a sus esfuerzos por volver a su vida, cada vez que se acercaba a sorprenderle, él se enfadaba y decía que no podía hacerla caso, que tenía que hacer otras cosas. Había pasado a un segundo plano, había sido relegada, ya no era interesante, o peor, si lo era, pero no tenía tiempo para ella. A veces se preguntaba si también él sufriría. Si bien, poco a poco, ella dejó de insistir y los días dejaron de ser tan felices. 
Y de pronto,sin previo aviso, un día horrible apareció él muy enfadado, con los ojos rojos de frustración y la cara llena de lágrimas, y la cogió bruscamente y la encerró en ese horrible y pequeño lugar, y después tiró la llave y nunca intentó encontrarla. Sus gritos y llantos de nada sirvieron.
Y ahora ya moría, pues él la había olvidado. Era tan triste, nunca sería lo que podría haber sido, nunca se llevaría a cabo su cometido. No era más que una idea olvidada.

Bajo las nubes del tiempo

'Adoro la lluvia. Me hace sentir vivo' Lo dije de pronto,  como lanzando la frase al infinito, y a la vez a lo más profundo de mi ser. La calle, completamente oscura, recibía impasible una vez más, sin darse cuenta de la belleza de aquel momento al agua que ,más tarde, quedaría estancada en charcos por todo el barrio. Ese agua que todo lo lleva, que todo lo arrastra, el agua que, como el tiempo, erosiona y destruye lentamente todo lo bueno. Es un veneno de naturaleza lenta y de sabor dulce, tanto el del agua como el del tiempo. Conforme atraviesan nuestro ser nos empapan de momentos, nos refrescan, nos molestan, y al final, sin que nos demos cuenta de nada, la roca pasa a ser arena y el hombre polvo. 
Y allí estaba yo, mirando al cielo, desafiante, dispuesto a disfrutar. Había comprendido al fin lo que todos olvidamos, había recordado lo maravillosa que es la lluvia, lo divertido que es mojarse e incluso bailar bajo la tormenta. Los paraguas acaban con nuestra genialidad, nos vuelven torpes y cómodos, cabizbajos y aburridos. Y con ellos tantas cosas nos hacen olvidar todo lo bello, igualándonos ante las nubes. Definitivamente, la vida es un mar de tiempo en el que hay que calarse bien a fondo, sin paraguas ni abrigo, sin capucha ni capa, se trata de llevar lo necesario y nadar hacia el tesoro escondido empapado hasta los huesos.

domingo, 17 de febrero de 2013

En la biblioteca

El estudiante abatido se desplomó sobre sus libros. No había solución, no podía hacer nada. La gran biblioteca de su padre contemplaba el escena conmovida. Estanterías repletas de libros y libros de todas las épocas y temas, fruto de los esfuerzos del padre de aquel muchacho, y de su padre antes que él,  observaban impotentes la angustia del chico. Ese chico que se había maravillado con las historias de muchos de ellos, y había llegado a odiar a otros tantos se había rendido. Después de varios días preparando aquel examen había visto sus fuerzas superadas y se había rendido. Ahora dormía, inconsciente de las repercusiones del acto que acababa de hacer.
Sin previo aviso, un viejo libro del álgebra que el chico había usado unos años atrás gritó con la voz  propia del que tiene las hojas borrosas: "¡No seas imbécil, deja en paz al muchacho, ayúdale!. Se lo decía al libro que estaba bajo la cabeza del joven durmiente. Un silencio sepulcral, propio de la más ordinaria de las bibliotecas siguió a esa anciana queja ante la injusticia, sin embargo el aludido contestó al poco tiempo, cuando consiguió alejarse del muchacho, no debía despertarse. "Viejo, este chico no me comprende, no es mi culpa que mis conceptos sean más complejos que los que guardas en el interior de ese lomo gastado, soy de una naturaleza difícil de conocer, le hace falta más tiempo." La voz señorial y profunda de aquel abstracto y joven tomo dio paso a un debate en el que participaron todos los libros allí reunidos. Siendo la Biblia la encargada de moderar el mismo, se escuchó la opinión de un representante de cada género, desde los más niños que trataban sobre fantasías diversas que no tenían clara su opinión y hablaban con una voz dulce hasta el filósofo más sabio y desgastado, pasando por la pasión de algunas que abogaban en favor de que el chico dejase sus estudios y se dedicase a buscar al amor puro. 
A escasos minutos del alba, el debate aún no había acabado y el arrogante tomo seguía en sus trece, no podía hacerse más comprensible por un capricho de un chaval que no había estudiado suficiente. Sin embargo, habían apelado a sus sentimientos y, en su arrugado corazón de papel recordó cuando el chico lo había comprado, como lo había tratado, con verdadero cariño. Como lo había forrado para evitar daños, como se había valido de él para ligar con su compañera de mesa escribiendo en él notitas...Era su amigo y él le estaba fallando, lo había comprendido.Sabía exactamente que tenía que hacer, dio un golpe a la mesa para despertarle, haciendo que los demás libros volviesen a su silencio habitual y se dispuso a dar lo mejor de sí.


domingo, 27 de enero de 2013

No la dejes morir

'Ya se ha ido' pensé. El viaje entre gestos de cariño, abrazos forzados y palabras vacías que se pronuncian con toda la buena intención tras un suceso como aquel no hubieran mitigado el profundo dolor de mi ser, sin embargo, su completa ausencia era como una losa que apretaba mi pecho. Nadie decía nada, nadie había realmente, nadie en el cementerio, nadie lo notaba. Y pese a todo, yo lloraba.

Aunque tardaron en llegar, llegaron. Conforme el tiempo pasaba, fueran horas, quizás días, algún que otro venía, presentaba sus respetos, dejaba su pluma sobre la tumba y, dejándome llorar sin pausa, se marchaba.
Otros dejaban sus libros, nuevos, sin estrenar, que fueron apilándose uno sobre otro, alrededor del lugar donde mi amada descansaba.

Cuando ya no quedaba en mí una lágrima que darle, el sonido de una risa me despertó.
Perdido entre miles de libros, ente laberintos de historias olvidadas, luché por encontrar aquella risa. Y mi obstinada voluntad encontró a un niño fuera de aquellos muros de letras, jugando.
Tenía un palo en la mano y lo usaba como espada, una percha en la otra, y un parche de pirata en el ojo derecho. Y reía mientras jugaba...

Entonces comprendí que equivocado estaba yo. Yo y todos los demás que habían presentado sus respetos. Pues la creatividad, aunque parezca tal no muere, nunca muere. No mientras nosotros no queramos.

jueves, 3 de enero de 2013

En la cornisa

Me marea mirar hacia abajo. Siempre he tenido vértigo. No se si seré capaz de hacerlo después de todo. Pero es lo que merezco, no me queda otra. Confío de corazón en que no haya castigo eterno, a pesar de las leyendas, de los rumores, a pesar de la reputación que me he ganado, a pesar de que la gente que me conoce teme nombrarme, tengo miedo. Miedo como el que he causado, temor, un miedo tan extremo que me paraliza, un miedo que me hiela la sangre. 
Y sin embargo aquí estoy, a un paso de comprobar qué es cierto y qué falso del misterio de la muerte. La deuda que pagan todos los hombre. La deuda que he cobrado ya a tantos en mi historia. No tendría que haber sido así, pude elegir, y ahora, y ahora mi hija a muerto por mi culpa. 
Pensar en ella me enloquece completamente, ¿por qué? ¿por qué? ¿POR QUÉ? Mi voz se quiebra completamente y termina en un sollozo lastimero, caigo de rodillas y comienzo a temblar, debo de dar pena, por suerte no hay nadie para verme en esta azotea, al gran Connelly, asesino de asesinos, al rey de la calles. 
Las nubes han oscurecido la tarde y dentro de poco acompañarán a mi solitario sollozo con la lluvia. Tengo frío pero no me importa, ya no puedo sentir, no como antes, ella era mi corazón, si es que alguna vez tuve de eso. Los recuerdos me asaltan como dagas dispuestas a retorcerme aún más en mi dolor. 

miércoles, 2 de enero de 2013

Para las visitas

Te doy la bienvenida a mi ático lunar. Hacía mucho que no venía por aquí, así que siento mucho el caos de oscuridad que vas a encontrarte nada más cruzar el umbral. Está todo lleno de polvo y muy, muy desordenado, incluso para mí. No sé muy bien por qué habrás venido, pero ten claro que estás invitado/a. Las diversas estancias de mi ático están repletas de hojas y hojas desubiciadas con historias y versos que ansían ser leídos y llevados a término, sea éste bueno o malo. Espero que las historias que aquí leas y los poemas que descubras te apasionen tanto como a mi y te llenen lo suficiente para olvidar dónde estás, entre el caos de un lunático.