Mi ático lunar abandonado: En la cornisa

jueves, 3 de enero de 2013

En la cornisa

Me marea mirar hacia abajo. Siempre he tenido vértigo. No se si seré capaz de hacerlo después de todo. Pero es lo que merezco, no me queda otra. Confío de corazón en que no haya castigo eterno, a pesar de las leyendas, de los rumores, a pesar de la reputación que me he ganado, a pesar de que la gente que me conoce teme nombrarme, tengo miedo. Miedo como el que he causado, temor, un miedo tan extremo que me paraliza, un miedo que me hiela la sangre. 
Y sin embargo aquí estoy, a un paso de comprobar qué es cierto y qué falso del misterio de la muerte. La deuda que pagan todos los hombre. La deuda que he cobrado ya a tantos en mi historia. No tendría que haber sido así, pude elegir, y ahora, y ahora mi hija a muerto por mi culpa. 
Pensar en ella me enloquece completamente, ¿por qué? ¿por qué? ¿POR QUÉ? Mi voz se quiebra completamente y termina en un sollozo lastimero, caigo de rodillas y comienzo a temblar, debo de dar pena, por suerte no hay nadie para verme en esta azotea, al gran Connelly, asesino de asesinos, al rey de la calles. 
Las nubes han oscurecido la tarde y dentro de poco acompañarán a mi solitario sollozo con la lluvia. Tengo frío pero no me importa, ya no puedo sentir, no como antes, ella era mi corazón, si es que alguna vez tuve de eso. Los recuerdos me asaltan como dagas dispuestas a retorcerme aún más en mi dolor. 
Allí está ella,un bebé que gatea en pañales sonriéndome diciendo "papá", su voz es la de un ángel cuando pronuncia su primera palabra maldita sea, y allí la veo, el día en que aprendió a montar en bici sola, aunque yo estoy en mi despacho, mirando desde una ventana y es Marta, su madre, quién la ayuda  El día de su comunión jugando con sus primos correteando mientras yo pactaba con el diablo en el mismo jardín. Ahora es ya mayor, una niña crecida que sigue siendo preciosa, y me mira desafiante, diciendo que saldrá con el chico que ella quiera, me grita, pero no puedo permitir que salga con ese yonki, así que esa misma tarde soluciono el problema.Se oye un trueno que atraviesa mi mente con la imagen de su rostro manchado de sangre. ¡NOOOOOO! grito hasta que el aire abandona mi garganta, cada vez tiemblo más. Si estoy aquí es para hacer una cosa,solo una. Si acaso la venganza pudiera haberme mantenido vivo, bombeando la sangre de mi podrido interior ya no hay de quién vengarse, ya no me queda nada. De pronto oigo como se abre la puerta del acceso al tejado, allí está la razón de que me equivoco, Marta ha subido después de todo.
-¿Joe? ¿Joe dónde estás?
Me incorporo desoyendo las quejas de mi ya cansado cuerpo. Y le digo: Aquí estoy cariño. En la cornisa.
Ella se acerca con su paso sereno, sujetando un chal a su alrededor, lleva un vestido negro de luto, hoy ha sido el funeral. Su semblante es opaco, donde antes, tiempo atrás, vi sonrisas, comprendo que ahora, algo invisible se ha quebrado, y la in-expresividad es lo que queda en sus ojos, rojos de lágrimas.
-¿Qué pensabas? Desgraciado, querías suicidarte ¿verdad?. Mis ojos me delatan supongo pues su mirada se llena de fuego al mirarme.
-No Marta, lo había pensado, es verdad ,pe-pero, no te mereces esto. Ya te he hecho demasiado daño- Bajo del borde del precipicio y me acerco a ella- Dame un abrazo, superemos esto juntos.- Mientras digo esto abro mis brazos, ha empezado a llover.
Me mira paralizada, está como a diez pasos de mí. Me acerco a ella y la rodeo con los brazos, acariciándole, como tantas otras veces su castaño pelo. Un relámpago rasga el cielo. Cada vez llueve más.
-Joe...-susurra.
-¿Qué quieres ,mi cielo?- le digo al oído
Me mira a los ojos.
Fueron tres disparos. Uno tras otro. La sangre empieza a derramarse por mi camisa italiana y la consciencia comienza a abandonarme. Caigo al suelo, a los pies de la que por veinte años ha sido mi esposa. Me quedan escasos segundos. Ella se agacha y me susurra al oído:
-Tienes razón. Ya me has hecho demasiado daño-Me escupe en la cara y deja a mi cuerpo apagarse definitivamente bajo la tormenta.

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